
En este mes de prevención y concienciación del cáncer de seno, la combinación de detección temprana, la toma de decisiones informadas y el mantener un estilo de vida saludable es, hoy por hoy, nuestra mejor herramienta para seguir reduciendo el impacto del cáncer de seno en nuestras familias.
El cáncer de seno ocurre cuando algunas células de la mama comienzan a crecer y a dividirse sin control. Esas células anormales pueden formar un tumor y, si no se detecta a tiempo, invadir tejidos cercanos o viajar a otras partes del cuerpo. Esa es la esencia del problema y también la razón por la que la detección temprana hace tanta diferencia: mientras más pequeño y localizado se identifica, mejores son las opciones de tratamiento y pronóstico.
Para detectar el cáncer de seno, normalmente su médico le ordenará un estudio de imagen rutinario que se conoce como una mamografía. Si la mamografía muestra algo que amerite mirar más de cerca, se piden imágenes adicionales que según el caso, pueden ser estudios de ultrasonido como la sonomamografía o estudios de resonancia magnética (MRI). Pero si hay algo sospechoso en alguno o en varios de esos estudios, su médico le ordenará realizarse una biopsia para conocer el diagnóstico definitivo. Una biopsia es cuando se toma una muestra del tejido para mirarla al microscopio y poder identificar correctamente los cambios celulares. Hoy día, lo más común es la biopsia con aguja gruesa (core needle) guiada por imagen; en otros casos se usan biopsias por aspiración con aguja fina o una biopsia quirúrgica. Esos procedimientos permiten distinguir cambios benignos de cáncer y, si hay cáncer, conocer su tipo y características para escoger el tratamiento correcto.
Para las personas con riesgo promedio, se recomienda el que se realicen una mamografía cada dos años desde los 40 hasta los 74. No obstante hay algunas organizaciones, como la Sociedad Americana del Cáncer que recomiendan que las mujeres comiencen a realizarse una mamografía anual desde los 40 años y, luego de los 55, anual o cada dos años según preferencia y salud general. Si el riesgo es mayor debido al historial familiar se puede añadir un MRI anual además de la mamografía y empezar a realizarse los estudios antes. Pero la recomendación siguen siendo las visitas anuales a su médico para conversar sobre las opciones más recomendadas según su situación particular, además de realizarse el autoexamen de los senos mensualmente para detectar cambios importantes.
Aunque no existe una fórmula que garantice que no habrá riesgo, hay hábitos que ayudan a minimizar los mismos, como lo son el mantener un peso saludable, el estar activa físicamente y de forma regular, el limitar o evitar el consumo de alcohol y el amamantar a sus hijos siempre que sea posible. Otra recomendación importante es la de hablar con su médico antes de iniciar o continuar terapias hormonales. Para aquellas mujeres que tienen un alto riesgo de desarrollar cáncer de seno debido al historial familiar, el uso de ciertas medicinas preventivas como lo son el tamoxifeno, raloxifeno o inhibidores de aromatasa pueden considerarse tras evaluar adecuadamente cuáles pueden ser los beneficios y los posibles efectos secundarios.
