
Según los datos más recientes, la tasa de mortalidad por cáncer de mama se ha reducido aproximadamente un 44%, una mejora atribuida a que más mujeres acuden a realizarse sus mamografías según son recomendadas por sus médicos, junto al uso de terapias médicas mucho más eficaces e innovadoras. No obstante, el número anual de nuevos casos se mantiene alto, por encima de los 300 mil, un número más alto que en la década de los años noventa y lo que nos recuerda que el reto no ha terminado y que la prevención y el diagnóstico temprano siguen siendo la primera línea de defensa.
La radiografía de la enfermedad, en general, establece que la incidencia ha aumentado ligeramente con el tiempo, pero la mortalidad continúa descendiendo gracias a la detección temprana y a los tratamientos cada vez más eficaces.
Pero, ¿qué podemos seguir haciendo para prevenir y reducir los riesgos de padecer de esta condición? Las recomendaciones para disminuir las probabilidades siguen siendo el mantener un peso saludable junto con una vida activa, el limitar o evitar el consumo de bebidas alcohólicas, el lactar a sus bebés y el visitar a su médico regularmente. Claro que estas recomendaciones no son garantías sino que por el contrario son parte de una vida sana que en general ayude a prevenir cualquier condición de salud, incluyendo un posible padecimiento de cáncer.
La otra clave por lo cual se han logrado reducir las muertes por cáncer de seno son las mamografías realizadas regularmente según las recomendaciones de su médico. El cáncer de mama se diagnostica con frecuencia en etapas localizadas, y ahí es donde la medicina moderna puede ofrecer mejores resultados en el tratamiento, por lo que un diagnóstico temprano aumenta las probabilidades de que esa persona no muera de cáncer y aunque la prognosis sigue positiva seguimos en campaña para continuar luchando por borrar del mapa esta enfermedad.
