Conoce 5 tipos de inseguridades para que no te estanques

Todos nos hemos sentido inseguros en algún momento de nuestra vida. De hecho, es probable que te hayas sentido inseguro más de una vez. La inseguridad es un sentimiento que nos avisa que podemos equivocarnos. Cuando tenemos dudas sobre el camino a seguir, podemos experimentar cierto grado de inseguridad. Esa inseguridad suele acompañarse de una sensación de malestar y tensión que puede llegar a adquirir proporciones considerables.

Si no somos capaces de lidiar con esa sensación de inseguridad, seguirá creciendo en nuestro interior, paralizándonos cada vez más. De hecho, muchas personas arrastran ciertos tipos de inseguridades durante años, permitiendo que dicten sus decisiones, limiten sus potencialidades y las inunden de frustración, culpa y angustia.

Los 5 tipos de inseguridades más comunes en la vida

La inseguridad es una vivencia profundamente personal, de manera que existen tantos tipos de inseguridades como personas. La inseguridad puede surgir de diferentes fuentes y extenderse a múltiples áreas de nuestra vida o incluso permearla por completo. Sin embargo, existen algunos tipos de inseguridad personal bastante comunes que suelen convertirse en la base de la que emanan el resto de las dudas, conflictos e incertidumbres.

1. Inseguridad en las relaciones interpersonales

Este tipo de inseguridad suele nacer del miedo a que otros nos dañen o desilusionen, de manera que no nos entregamos completamente en las relaciones, sino que mantenemos cierta distancia emocional. Esa distancia funge como un escudo que nos mantiene “a salvo”, pero que también aleja a los demás.

Las personas inseguras en sus relaciones no están dispuestas a mostrar sus vulnerabilidades y no confían plenamente en los demás. Como resultado, suelen desarrollar relaciones más superficiales en las que no permiten que el otro – ya sea una pareja, un amigo cercano o incluso los hijos o los padres – se acerquen lo suficiente como para que se produzca ese contacto íntimo entre dos almas.

La inseguridad en las relaciones interpersonales nace de un apego evitativo. La persona tiene dificultades para expresar sus emociones y teme a la intimidad, por lo que cuando siente que el otro se acerca demasiado, se aleja. Esa inseguridad y desconfianza termina generando inseguridad y desconfianza en el otro, impidiendo la creación de una base sólida para que la relación fructifique.

2. Inseguridad social

La persona que experimenta este tipo de inseguridad no tiene problemas para relacionarse con quienes conforman sus círculos de confianza, pero suele evitar los contextos sociales. Se siente profundamente incómoda en los grupos numerosos o cuando tiene que relacionarse con un desconocido.

La inseguridad social suele deberse a una falta de confianza en nuestras capacidades para desempeñarnos adecuadamente o tener cierto nivel de éxito en los entornos sociales. En el fondo, se alimenta el miedo a la crítica y el rechazo social. Cuando nos preocupamos demasiado por lo que piensen los demás sobre nosotros, nos sentiremos más ansiosos e inseguros y no sabremos cómo comportarnos. 

La persona que sufre este tipo de inseguridad suele evitar los contextos sociales porque estas situaciones les generan una gran tensión y la cohíben. Tiene miedo a equivocarse, hacer el ridículo, no saber qué decir o a transmitir una imagen equivocada o negativa de sí mismas. Como resultado, terminan limitando su vida social y desaprovechan oportunidades solo para evitar exponerse públicamente.

3. Inseguridad corporal

La apariencia física, lo queramos o no, forma parte de nuestra tarjeta de presentación. Nuestro cuerpo y nuestro rostro suman o restan puntos a la primera impresión que generamos en los demás. Además, en una sociedad como la nuestra, obsesionada con el aspecto físico y ciertos ideales estéticos, la apariencia personal cobra protagonismo.

Por eso, cuando las personas no se sienten cómodas con su imagen corporal, pueden experimentar una gran inseguridad que se extiende prácticamente a todas las esferas de su vida. La inseguridad corporal proviene de no sentirse a gusto en la propia piel, del rechazo de partes de nuestro físico que no nos gustan.

En el fondo, las personas que experimentan este tipo de inseguridad no suelen tener una visión equilibrada de sus características físicas, sino que suelen centrarse en aquella parte del cuerpo que no les gusta y amplifican su importancia. Creen que los demás les juzgarán exclusivamente por su imagen, de manera que terminan siendo sus peores jueces.

4. Inseguridad profesional

En algunos casos la inseguridad se concentra en el ámbito laboral. Dado que pasamos gran parte de nuestra jornada trabajando, este tipo de inseguridad puede llegar a ser demoledora, afectando a esa parte de nuestro “yo” que se identifica con la profesión.

Si una persona siente que no tiene los conocimientos o habilidades necesarios para desempeñar con éxito su trabajo, puede sentirse profundamente insegura. En los casos más extremos incluso puede llegar a sentirse como un impostor; o sea, la inseguridad le hace creer que no está capacitado para ejercer ese trabajo.

En el fondo, la inseguridad profesional implica un cuestionamiento de nuestra inteligencia y capacidades, así como un miedo oculto a las críticas y la desaprobación de aquellas personas que percibimos como más inteligentes o capaces. De hecho, un estudio desarrollado en la Universidad de Hong Kong reveló que la inseguridad profesional no guarda una estrecha relación con el desempeño laboral, lo cual significa que podemos tener un nivel de desempeño adecuado o incluso bueno y, aún así, sentirnos profundamente inseguros. Esto se debe a que la inseguridad, una vez que se instaura, es bastante resistente a las pruebas contrarias.

5. Inseguridad personal

Entre todos los tipos de inseguridades, la inseguridad personal es probablemente la más insidiosa y difícil de erradicar porque no está vinculada a determinados contextos como la inseguridad social o profesional, sino que se extiende como una mancha prácticamente a todas las esferas de la vida.

Se trata de una inseguridad profunda, a menudo gestada durante la infancia o la adolescencia, que implica un miedo a lo que los demás piensen de nosotros, a no ser suficientes y a decepcionar las expectativas ajenas. Suele alimentarse de una baja autoestima y una falta de autoconfianza.

No obstante, en su base se esconde una profunda desconexión con nuestro “yo”. La inseguridad personal es el reflejo de conflictos internos no resueltos, de un “yo” que no sabe lo que quiere y no se atreve a decidir una u otra dirección. Como resultado, la persona que sufre este tipo de inseguridad puede pasar gran parte de su vida paralizada, tomando decisiones solo cuando las circunstancias la obligan.

¿Cómo afrontar los diferentes tipos de inseguridades?

Un estudio realizado en la Universidad Brigham Young encontró que las personas autoritarias, aquellas que quieren controlar todo, experimentan niveles más elevados de inseguridad. De hecho, en el fondo los diferentes tipos de inseguridades esconden un miedo profundo a lo incierto, a aquello que escapa de nuestro control y a sus consecuencias. Por eso, la inseguridad se combate abriéndole paso a lo incierto.

  • Sumérgete en la inseguridad. Puede parecer un contrasentido, pero dado que no puedes huir de ti mismo, tampoco puedes huir de tus inseguridades. Negarlas a menudo solo hará que crezcan desmesuradamente. En su lugar, observa lo que sientes cuando te invade la inseguridad. No prestes atención a tus pensamientos, sino tan solo a las sensaciones y emociones que experimentas. Vuélcate en esa experiencia con curiosidad, como si fueras un niño que la vive por primera vez. No intentes luchar contra ella, no juzgues ni te recrimines, simplemente vívela tal cual se presenta.
  • Reprime el impulso de actuar. Sea cual sea el tipo de inseguridad que experimentes, es probable que la incomodidad que genere sea tan grande que te empuje a la acción. No actúes dejándote guiar por ese sentimiento de inseguridad. No dejes que la inseguridad tome el mando. Simplemente mantén la calma y presta atención a tu primer impulso. ¿Qué quieres hacer? Puede ser posponer una decisión, escapar de un lugar, renunciar a algo… ¡No lo hagas! Quédate en la inseguridad durante un rato más. Sin actuar.
  • Relájate en la inseguridad. Puede parecer imposible, pero no lo es. Las armas de la inseguridad, con las cuales se perpetúa y te empuja a actuar, son la tensión interior y la ansiedad. Por tanto, tienes que aprender a contrastar esas sensaciones con la relajación. Puedes aplicar técnicas como la respiración diafragmática para aprender a sentirte cómodo con esos sentimientos, hasta que comprendas que no te harán daño y que no tienen más poder sobre ti del que les des.
  • Llénate de gratitud. La inseguridad no se combate con seguridad. La seguridad es una quimera. La vida es inseguridad, imprevisibilidad e incertidumbre. Y no pasa nada. Por tanto, ahora que estás detenido en ese mar de inseguridad, intentando relajarte, busca un sentimiento de gratitud en tu interior. Experimenta gratitud incluso por esa inseguridad, porque es una señal de que estás vivo, piensas y sientes.

Así encontrarás el equilibrio que necesitas para seguir adelante. No te desharás de la inseguridad. No es necesario. Pero dejará de molestarte o paralizarte. Como explica el yogui Sadhguru Jaggi Vasudev “cuando te sientes inseguro intentas evitar la vida, y eso genera una profunda miseria. Pero en esta vida estamos de paso. No tenemos nada que perder porque con nada llegamos y con nada nos vamos. Nosotros decidimos si queremos vivirla con todas sus inseguridades o dejamos que nos paralicen”.

Comentarios